miércoles, 24 de noviembre de 2010

NGAPALI BEACH...

... o dónde ir a buscarme si desaparezco del mapa y no sabéis más de mi.
El remate del viaje fueron los dos días finales que nos pasamos en una playa perdida de la Bahía de Bengala: Ngapali Beach. Sus 7 kilómetros de arena blanca y palmeras, unidos a que aún no había comenzado la temporada alta y, por tanto, prácticamente los únicos extranjeros que vimos éramos nosotros, hicieron muy difícil encontrar un buen motivo para volver al mundo real.
Si realmente hubiéramos tenido más tiempo, lo suyo sería haber ido a un archipiélago que hay al sur del país, justo donde el país se estrecha y hace frontera con Tailandia; éso sí que debe de ser el paraíso terrenal! Pero a falta de lo anterior, Ngapali Beach no defraudó: agua limpia, arena en la que corretean los cangrejos cuando baja la marea, niños y mujeres recogiendo conchas, carros de bueyes por la orilla, barcos de pescadores que salen a faenar al anochecer, y unos sitios para comer buen pescado y marisco a precio de risa. A lo largo de la playa podéis escoger varios alojamientos, ninguno de ellos para viajeros con presupuesto ajustado; lo bueno es que están construidos entre las palmeras, por lo que si te pones en la playa y miras hacia los lados (al menos en la zona en la que estábamos nosotros), te da la impresión de estar completamente solo.



Y para rematar la jugada, la guinda del pastel, el colofón del viaje y la mejor forma de poner los pies en la tierra, fue ir al aeropuerto el sábado por la mañana después de un chaparrón monzónico que nos pilló dando un paseo de despedida al amanecer casi en uno de los extremos de la playa, para encontrarnos que habían cancelado el vuelo por el mal tiempo en Yangón... la posibilidad de perder el vuelo de vuelta a China al día siguiente, no poder contactar con mi oficina xa decírselo ya que hacía dos días que internet no funcionaba en ésa zona -os recuerdo que los móviles extranjeros no funcionan-, y todo el subsiguiente jaleo que se iba a organizar si no dábamos señales de vida en nuestras casas a la vuelta, además de tener que pagarnos otro billete, nos hicieron tomar una decisión a la desesperada y poco aconsejable: subir en el coche q nos había llevado hasta el aeropuerto e ir a toda velocidad pitando a vacas, gente y demás obstáculos que nos encontramos por los caminos hasta un pueblo cercano del que salía un "autobus" hacia Yangón, que nos permitiría coger el enlace al día siguiente en el aeropuerto.
El plan inicial, que era aterrizar el sábado por la tarde en la capital, darnos un inmerecido masaje y un más aún inmerecido homenaje en un restaurante francés que tenía yo fichado (es lo bueno de estos destinos, que te puedes permitir ciertos caprichos...), se derrumbó sin darnos siquiera tiempo a protestar cuando, como por arte de magia, nos encontramos subidos en un autobus que nos dejaría, si no había imprevistos, 16 horas más tarde en Yangón.


A la incertidumbre de lo que nos quedaba por delante, se unía que no teníamos comida, no sabíamos si el autobus pararía en algún momento, y de fondo teníamos una tele antediluviana con un video de un monje budista cantando o rezando un tantra repetitivo, que me hizo plantearme seriamente si llegaríamos a destino no sólo sanos, sino también cuerdos... luego nos enteramos de que era normal que al principio de un viaje pusieran ése tipo de vídeos o cánticos para desear que todo saliera bien, y todos llegáramos sanos y salvos.
Sacar fotos con el autobús en movimiento era absolutamente imposible; no había carretera y los botes hacían absolutamente imposible poder dormir. Digo botes, q no baches, xq la mayor parte del tiempo teníamos que ir agarrados al asiento de delante xq literalmente nuestro trasero se despegaba del asiento! No os digo más, que los dos asientos de un lado de la última fila, que iban vacíos, acabaron "arrancándose" del suelo... y el pajarillo de la jaula que iba colgada al final del bus, no tardó en dejar de piar!
Hubo algún incidente, por ejemplo en una ocasión el autobus tuvo que parar durante un rato, ya que debido a las fuertes tormentas de los últimos días estaban reparando uno de los "puentes" además de que durante todo el trayecto la gente iba vomitando por la ventanilla o al bajarse en las paradas. Nosotros por algún extraño motivo aguantamos como campeones, aunque supongo que el hecho de que nos subimos al bus casi con el estómago vacío xq no nos dio tiempo ni a comer, ayudó bastante.
Así fue pasando el tiempo, el Sol se puso y nos quedamos a la luz de una especie de neón que se encendía de vez en cuando y a merced de los mosquitos
Cada poco, al cruzar alguna demarcación territorial que no pude descifrar, el autobús se paraba y todos teníamos que entregar nuestros documentos de identidad para que en la frontera los militares tomaran buena nota. Era una manera de estirar las piernas porque como comprenderéis, si a las 2 de la mañana en un paso fronterizo (por muy interior del país que sea) en un lugar perdido de Birmania, mi pasaporte se aleja de mi en manos de un desconocido, no me queda más remedio que ir detrás de él para asegurarme de que vuelve... Lo cierto es que ninguna de las veces tuvimos ningún problema ni los militares nos molestaron lo más mínimo haciendo preguntas ni nada de nada de nada y los monjes, que en algunos lugares aprovechaban la parada del autobus para pedir donaciones, tampoco.

Una vez más, pudimos experimentar la hospitalidad birmana donde menos lo esperábamos: un chico que estaba sentado cerca nuestro y que ya en el bus nos ofreció parte de la comida que llevaba cuando le preguntamos si el autobus pararía para comer algo en algún momento del viaje, descubrimos al ir a pagar la cena que ya nos había invitado... me explico: un auténtico desconocido para nosotros, que chapurreaba inglés y que si tuviera algo de dinero os puedo asegurar que se habría cogido el avión (unos 70 USD) para evitarse semejante tortura de autobus, nos invitó a cenar! Sinceramente, ¿cuántas veces habéis invitado a alguien en la parada de bus de Villalpando camino a Madrid?!

Finalmente, 16 horas más tarde, llegamos a destino sanos y salvos y como si de nuestro ángel protector se tratara, saltamos al coche de Kyaw -el guía que nos ayudó a organizar la parte del viaje que desde el extranjero no es posible hacer por tu cuenta, o que si lo haces te sale más caro- que nos sacó del enjambre de ruido, coches y autobuses de la estación de Yangón y nos llevó a desayunar antes de coger el vuelo de vuelta

El mismo que, cuando le preguntamos por mail antes del viaje si era posible ir a la playa en bus, nos dijo que imposible, que era muy largo y peligroso y nada aconsejable, nos recibió de brazos abiertos y con una sonrisa de oreja a oreja al vernos acercarnos a él por nuestro propio pie! Ya en el coche y como si, sin quererlo, todos se esforzaran en quitarnos el mal sabor de boca del viaje (no es algo que hubiéramos hecho premeditadamente, pero ya que no quedó otro remedio, os aseguro que lo disfrutamos como enanos y nos reímos más que todos los botes y tirones en el cuello que pudimos llevar en 16 horas), el gerente del hotel de la playa le llamó para interesarse por nosotros y saber si habíamos llegado bien... ¿qué más se puede pedir?

Sólo se me ocurre una respuesta posible: ¡¡VOLVER!!

lunes, 22 de noviembre de 2010

BAGAN...

... o cómo sentirse como Mowgli por unos días.

Por si todo lo anterior hubiera sido poco, pusimos nuestros sentidos a prueba una vez más y nos subimos en el siguiente vuelo, que nos dejó nada más y nada menos que ... ¡¡en Bagan!! Para los que no tengáis ni la más remota idea de lo que estoy hablando, Bagan es una llanura situada en la zona centro-este del país, del tamaño de Manhattan -si es cierto lo que leí en algún sitio-, en la que aún os podréis encontrar más de dos mil templos y pagodas de los siglos X a XII dC.

Con las vistas del anterior paisaje aún dando vueltas por la cabeza, aqui simplemente ya no fue posible contener la caída de la mandíbula, ni tampoco poder cerrarla hasta que nos fuimos.

Llevo un rato dándole vueltas a la forma de explicaros lo que vimos, pero es que realmente las palabras se quedan cortas y las fotos no le hacen justicia. Mires a donde mires, sólo veréis una extensión enorme de tierra, llena de templos aqui y allá, con campanillas sonando al viento, y algunos reflejando el Sol en el oro con el que las recubren. Entre unas y otras, plantaciones de maíz, cacahuetes, árboles, bueyes labrando la tierra, gente transportando la cosecha en cestos sobre su cabeza, cabañas de paja en las que viven los campesinos, menos extranjeros de los que podréis contar con las dos manos y una extraña sensación de que el tiempo se ha parado, y que realmente no quieres que vuelva a andar.
BAgan - templos





Lo más útil es alquilar el primer día un carromato tirado por un caballo, para ver los más importantes y orientarse un poco, y el segundo y siguientes ya subirse en una bici y perderse por los caminos hasta que se ponga el Sol.



Sobre Bagan, si os interesa, podéis encontrar mucha más y mejor información de lo que os pueda contar yo ahora, en lo que se refiere a Hoteles, donde comprar piezas de lacquerware, sitios para comer y demás. Pero, como dije al principio, de Birmania te vuelves con historias, con nombres propios y caras de las personas que las protagonizan, y con una agradable sensación de gratitud xq las hayan compartido contigo, xq se hayan sentado sin conocerte de nada y te hayan contado más de su vida que la mayoría de los vecinos con los que lleváis años cruzándoos en el portal de vuestra casa casi a diario. "Ésta, es la mía":

Él, nació y se crió en Bagan; ella, en Bago, una ciudad situada al este de Yangón. Cuando ella contaba con algo más de veinte años, tuvo la suerte de poder cumplir uno de los sueños de la mayoría de los birmanos: al igual que los musulmanes peregrinan a la Meca al menos una vez en la vida, pero en este caso sin tintes religiosos, viajó a ver el tesoro por excelencia de su país, Bagan. Él la vio pasar en uno de los carros tirados por caballos camino a los templos, y después de unos segundos que se le quedan grabados en la memoria mucho tiempo después, saltó en su bicicleta y sin pensarlo dos veces, la siguió. Según él, fue algo automático, no pudo pararse ni a pensarlo, cuando se encontró pedaleando con todas sus fuerzas detrás de aquélla completa desconocida y sus acompañantes.

Durante los días siguientes, "coincidieron" en varios templos, se cruzaron por los caminos y hasta se buscaron con la mirada por el pueblo, deseando que, en cualquier momento, el otro apareciera "casualmente" por allí. Llegaron a hablar y tal y como si llevaran buscándose desde siempre sin saberlo, decidieron que eran la persona con la que querían pasar el resto de sus días.

Y así fue. Poco tiempo después, se prometieron, se casaron y hoy tienen un niño de 15 años que sueña con estudiar aeronáutica. Él estudió geología, e intentó en varias ocasiones acceder a una plaza en el organismo público correspondiente pero, manteniendo la misma mirada sonriente que unos momentos antes cuando contaba cómo conoció a su mujer, te cuenta que no tuvo el dinero suficiente para pasar el examen, es decir, para sobornar al funcionario de turno.

Así que decidieron hacer lo poco que podían hacer: abrir un restaurante en Bagan, entendiendo por tal una casita de madera y paja con apenas 5 ó 6 mesas en las que reciben con la mejor de sus sonrisas al que tenga la suerte de dejarse caer por allí. En nuestro caso, fue una parada totalmente casual para beber un zumo a medio día, y reponer fuerzas para seguir pedaleando hasta donde nos llevaran las piernas. Sin saber cómo, nos encontramos con la mesa llena de comida que no les habíamos pedido, y una invitación a cenar ésa misma noche.

Ante la disyuntiva de parecer maleducados diciendo que no ("¿cómo nos van a INVITAR ellos a cenar, q no tienen nada?"), o volver por la noche y sentarnos a cenar y charlar con ellos y probar una auténtica comida Birmana, nos decantamos por la segunda opción; la experiencia los días anteriores nos decía que teníamos todas las papeletas para que la noche fuera, como poco, inolvidable. Y así, bajo los restos del monzón, nos encaminamos a cenar con aquéllos desconocidos de los que apenas sabíamos sus nombres. No nos equivocamos.


Desde el momento en que aparecimos por la puerta y durante todos y cada uno de los segundos que nos pasamos allí, las atenciones, generosidad, hospitalidad, educación, y la amabilidad, no dejaron de estar presentes en su máximo exponente. Nos agasajaron con una cena de más platos de los que cabían en la mesa y de los que -estoy segura- se habrían preparado para ellos mismos; nos contaron historias como la que leisteis más arriba, se atrevieron a darnos su opinión sobre temas mucho más que controvertidos y, no contentos con lo anterior, no nos dejaron irnos con las manos vacías, ya que nos regalaron un par de piezas de lacquerware -no me sale el nombre en español-, un abre botellas de madera con un cocodrilo tallado a mano, y dos longyis que también aprovechamos para aprender a usar y son con los que aparecemos en las fotos. Durante la cena y en medio de la noche (literalmente, xq farolas, menos que las justas), en un par de ocasiones se ausentó nuestro anfitrión en moto y bajo la lluvia, para traer té y buscarnos a alguien que nos llevara de vuelta al hotel, siempre sin avisar para evitarnos pensar que le causaba algún trastorno. Si la velada pudo tener algún encanto más, fueron sin duda los cortes de luz que nos dejaban en la más completa oscuridad, en medio de las risas y buscando las linternas y velas para seguir charlando mientras la lluvia fuera empezaba a formar charcos que no sabíamos si habría que cruzar a pie o a nado a la hora de irnos...

Ése momento inevitablemente llegó, y después del intercambio de mails correspondiente ("estamos aprendiendo a utilizarlo, vamos al museo a conectarnos gratis pero si nos mandáis las fotos las colgaremos aqui en la pared, al lado de las nuestras, para que las veáis la próxima vez que vengáis"), nos abrazaron como si realmente se despidieran de sus amigos de toda la vida (creo que yo no he abrazado así a los míos antes de venirme) y mientras el carrito se alejaba por el camino y se adentraba en la oscuridad, se quedaron a la entrada abrazados y saludándonos con la mano hasta que les perdimos la vista.


Durante el tiempo que nos pasamos en el carrito, mojándonos y tambaleándonos por los baches hasta que llegamos al hotel (la mujer del conductor sentada a su lado e iluminándole el camino con una linterna), el nudo que teníamos en la garganta prácticamente no nos dejó articular palabra y desde entonces, seguimos aún "digeriendo" la cena.

Si algún día vais por Bagan, sabed que no veréis lo mejor hasta que no vayáis a visitarles: SANTHIDAR Restaurant, South of Old Bagan - Main Road - Myingabar.

domingo, 14 de noviembre de 2010

LAGO INLE.

La segunda parada de nuestro viaje fue en el lago Inle, en la zona centro-este del país. Después de un vuelo interno de apenas una hora, nos subimos en un coche que, antes de llevarnos a nuestro destino final, nos hizo un par de paradas en un monasterio de camino





y en un mercado local





... imposible resistirse a su encanto!

En esta zona del lago, hay dos opciones de alojamiento: o bien en Nyaungshwe, un pueblecillo situado en la orilla norte, o bien en uno de los lujosos hoteles que hay repartidos por sus orillas; si bien es cierto que el pueblecillo tenía más ambientillo, por una vez que éramos "ricos" decidimos invertir 50$/noche en dormir en un hotelazo q en Europa no nos habría costado menos de 150€/noche ya que como se suele decir, 'una vez era un pez'...

El lago en sí ya es espectacular, da igual a la hora del día q lo visites: al amanecer, al atardecer, con lluvia o con nubes amenazantes, mires a donde mires no te cansas de ver el paisaje formado por el agua y al fondo, las colinas que lo bordean donde aqui y allí brillan a lo lejos como guiños, las estupas y pagodas de oro. La única distracción es el ruido del motor de la barquichuela con la que lo atraviesas



Una vez a la semana, en puntos diferentes de la orilla, se organiza un mercado local que no hay que dejar de visitar: las diferentes tribus de los alrededores, bajan con sus cosechas para venderlas y hacerse con las cosas que necesitan y de las que no disponen montaña arriba: desde alimentos a ropa, pasando por herramientas para cultivar el campo, tabaco, productos de higiene, (artesanía para turistas) y otras cosas que no supe descifrar... Dicen que la zona es de las mejores para hacer trekkings, pero no tuvimos tiempo suficiente para comprobarlo; en cualquier caso yo me quedé con ganas de probar muchas de las cosas q estaban cocinando en los puestecillos y q no olían nada mal, pero el nivel del hotel era proporcional al del desayuno que sirvieron y tengo q reconocer q cuando llegué al mercado por la mañana mi estómago se negó en banda a hacerse cargo de digerir más comida y simplemente no tenía un solo hueco para la degustación! La visita al mercado os dejará para siempre imágenes en la retina como éstas:







El lago es conocido también por la curiosa forma que tienen sus pescadores de remar, y es que subidos de pié en uno de los extremos de la barca, han aprendido a enganchar el remo con una pierna y remar en equilibrio sobre la otra, ya que así mantienen las dos manos libres para tirar y recoger las redes, y sacar los peces:





Si tenéis tiempo, no dejéis de visitar en la aldea de Inthein el complejo de Shwe Inn Thein Paya:







o los jardines flotantes, construidos sobre el lago y sobre los cuales cultivan todo tipo de flores y verduras; por si todo lo anterior fuera poco, yo intento cumplir a rajatabla mi máxima de "bautizarme" allá donde vaya y no me resistí lo más mínimo a hacerlo en esta ocasión, eso sí vestida por una cuestión de "allá donde fueres", y después de que el chico q llevaba la barca se tirara primero...





Para los madrugadores, y ya de despedida, recomiendo a los que cojáis el vuelo del medio día que os levantéis bien temprano y hagáis una visita a las cuevas de Pindaya, que además de merecer la pena por las más de ocho mil estatuas de buda que contienen donadas por fieles de todo el mundo, están cerca de uno de los monasterios más bonitos que vimos en todo el viaje: el de Sing Kyaung y de una casa donde podréis ver la tradicional elaboración de las típicas sombrillas de papel birmanas (Aung, Pyitawtha Quarter), desde cómo hacen la pasta de papel hasta cómo tallan la madera o cómo las pintan luego.

Ah, y en el capítulo de artesanía, los débiles de espíritu y amantes de la plata o la seda, ¡absténganse de visitar el lago! (recordemos una vez más, q los precios son irrisorios y la tentación... en mi caso, invencible!).

domingo, 31 de octubre de 2010

BIRMANIA : YANGÓN.

Aterrizar en la (antigua) capital de Birmania es lo más parecido que he probado a meterme en una máquina del tiempo y volver ... 60 ó 70 años atrás -ó, más bien, como yo me lo imagino por aquél entonces-;
cabina telefonos, Birmania
La sensación se acentúa cuando viajas por el interior del país al comprobar que, por desgracia, las condiciones de vida de su población han mejorado nada o muy poco, a como vivían por aquél entonces, bajo la dominación británica.

La primera sorpresa te la llevas al subirte al taxi: conducen por la derecha pero... ¡tienen el volante a la derecha! por suerte, el parque automobilístico y las infraestructuras, unidos a una sensación de que no hay prisa por nada, ayudan a que las situaciones de peligro sean "pocas" dadas las circunstancias; además, es habitual que con tu chófer vaya un guía sentado en el asiento izquierdo del copiloto, que le indica el mejor momento para asomar el morro y adelantar, ¡no tiene desperdicio!. Por lo visto, la mayoría de los coches y taxis son importados de segunda mano desde Singapur, donde conducen por ése lado...

Sin embargo hay algo que te choca en cuanto sales del aeropuerto y vas acercándote al centro: a pesar de ver claramente el rastro de la época colonial en impresionantes villas y mansiones a través de las verjas del jardín, hoy en día casi en ruinas y comidas por la maleza (como por ejemplo ésta foto de la antigua estación de tren)
birmania, casa colonial
... se respira un aire de tranquilidad, totalmente diferente al de la mayoría de las otras capitales del sudeste asiático. La razón es simple: la circulación de bicis, motos y demás inventos asiáticos de dos o tres ruedas está prohibida por el centro de la ciudad, lo cual le da un aire aún más señorial.

La escasa publicidad sobre marcas y productos extranjeros, va totalmente acorde con la vestimenta de la gente, ya que la inmensa mayoría de la población aún utiliza el longyi para vestirse, que no es otra cosa que una especie de pareo cilíndrico, con estampados y formas de atarlo diferentes en función de que el que lo lleve sea hombre o mujer.

Lo primero que hay que solucionar, es hacerse con la moneda local; en muchos sitios admiten USD pero sobre todo para compras de importes pequeños, sale mejor llevar encima kyats (olvidaros de los cajeros y haced bien los cálculos antes de ir xq si se os acaba el presupuesto, no tendréis cómo conseguir dinero). Tenéis dos opciones, o bien ir a un sitio de cambio oficial donde te aplican el cambio "oficial", es decir: 1 USD = 6 kyats, o bien ir al mercado negro donde 1 USD = 9.000 y pico kyats, cifra a fijar según el día. Para nosotros la respuesta estaba clara, así que allá que nos fuimos al mercado negro con nuestros dólares, éso sí, bien nuevos, sin doblar, sin arrugar, y sin nada-de-nada xq en ése caso, no te los cogen. Tmb recomiendo llevar billetes grandes, ya que el cambio es mejor: por ejemplo, mientras que por los billetes de 100 USD nos dieron 930 kyats, por los billetes menores daban 910 kyats. El resultado, fue que durante 10 días, nos sentimos realmente millonarios!:
kyats birmanos
En Rangún yo recomiendo pasar un día, que bien aprovechado os dará para ver lo más importante
Birmania: monjer rezando en el templo.
Birmaniam, templo.

Birmania, monje tumbao
Birmania, elefante.
...callejuelear e ir al mercado de Bogyoque Aung San si queréis comprar artesanía o piedras preciosas...

Pero sin duda tenéis una cita obligatoria con la Pagoda de Shwedagon antes de atardecer, ya que es tan absolutamente impresionante, que es difícil escoger si es más bonita a la luz del día con el cielo azul de fondo, que iluminada de noche; mejor ir a tiempo de verla de las dos formas y bien provistos de repelente de mosquitos...
Pagoda de Shwedagon (I)
Pagoda de Shwedagon (II)
Pagoda de Shwedagon (IV)
Pagoda de Shwedagon (V)
La de enfrente no desmerece a la anterior, ya que aunque es más pequeña, sus adornos y tallas en la parte exterior son más detallados y además, tiene muchísimos menos visitantes (también menos posibilidades de que te "asalte" un monje queriendo practicar inglés).

viernes, 22 de octubre de 2010

BIRMANIA, EL PAÍS DONDE SÍ ES ORO TODO LO QUE RELUCE.

Antes de preparar el viaje, antes incluso de decidir que íbamos, nos encontramos con toda una polémica abierta en torno a si se debe visitar Birmania o no. Los argumentos a favor y en contra se dividen básicamente en que ir a este país de vacaciones supone de alguna manera apoyar al régimen militar que les lleva ahogando desde las últimas dos décadas, ya que muchos alojamientos son del régimen, los impuestos que indirectamente pagas allí los recaudan ellos, así como las entradas a los sitios y demás.

Hay opiniones para todos los gustos; un amigo me decía que vale, que visitamos otros muchos países donde la democracia tmb brilla por su ausencia, pero que él tiene que poner el límite en algún sitio, y que su límite está en que no visitará Cuba, Corea del Norte o Birmania, hasta que no cambien de régimen (supongo que por no mencionar otros países africanos que ni sabemos lo que tienen...). Yo personalmente, he escuchado muchas opiniones tanto de gente que estuvo, como de otra que se negó a ir y algún otro que se lo estaba pensando, y tmb le dediqué algún tiempo a leer para hacerme una idea más o menos fundada de la situación.

Mi opinión, es bastante simple y pragmática (no x ello la mejor, pero es la mía al fin y al cabo) y pasó por dos fases: la primera fase, antes de ir a Birmania, pensé que ante todo, no podía engañarme a mí misma (no sé de cara a la galería) y es que con la trayectoria que llevo, no me voy a levantar ahora en abanderada de la lucha por los derechos humanos... Es decir, no es que trafique con armas para dictadores africanos o que me alegre cuando leo que en el mundo la lapidación sigue existiendo, pero coño, vivo en China (Chi-na) y mi trabajo no es precisamente el de una hermanita de la caridad ni mi oficina es una ONG. No hago daño directamente a nadie (o al menos éso creo y espero), pero si nos ponemos a hilar tan fino de a dónde van los impuestos que yo pago al tomarme una coca-cola pues joder... es más, no colaboro con ONG's ni me dedico a ningún proyecto de ayuda social o similar en mis ratos libres (cosa que he de reconocer que llevo un tiempo pensando en hacer, pero el hecho es que aqui estoy, sábado por la mañana, en pijama en mi casa escribiendo ésto, cuando podía estar ... no sé, cuidando a niños de un orfanato, x decir algo). "O sea -pensaba yo- que ir a Phuket (Tailandia), antro de prostitución donde los haya 'mola' xq es Tailandia y tiene playas y bares de copas donde ves al occidental cincuentón-barrigudo de turno manoseando a una niña q con suerte tiene 16 años, pero ahora nos entran remordimientos por ir a Birmania?!". Pues más bien al contrario, a Phuket de mochilero-solidario-alternativo que vayan otros, q yo prefiero ir a Birmania... No voy a negar la parte egoísta del asunto, y es que una maravilla como Bagan o la pagoda de Shwedagon en Yangón, simplemente no me quería morir sin verlas con mis propios ojos.

Pero es que además, por una vez no tuve que tragarme lo anterior ya que mi opinión se reafirma una vez que he vuelto de allí: a Birmania, simplemente HAY QUE ir.

Una vez que uno decide ir, puede escoger un poco dónde irá su dinero: mientras que las entradas de los templos y pagodas sabes que irremediablemente irán a parar a manos de los militares (ahí entra ya la coherencia de cada uno; yo personalmente no me resistí a estar allí y no verlo), siempre puedes escoger alojamientos privados o comer sentado en una banqueta en un puestecillo callejero en vez de sitios regentados por el Gobierno (para más pistas, a la Lonely Planet me remito).

Pero sobre todo, hay que ir con tiempo para dedicarle a la gente que sin duda os parará por la calle para haceros preguntas. Y es que de Birmania, por primera vez, me he vuelto no con una imagen del país en la cabeza, sino con historias de su gente, gente con nombre y apellidos que tuve la suerte de conocer, a los que una sonrisa y 10 minutos de conversación les abre más ventanas al mundo exterior, que todo el aislamiento que el Gobierno les impondrá con los dólares que les dejamos.

Recuerdo el primer paseo por la capital; abandonamos el hotel a medio día, y nos dirigimos hacia la zona centro a visitar un par de pagodas. Parecía que no conseguíamos avanzar, ya que cada poco se nos acercaba la gente con la sonrisa teñida del betel que mascan continuamente (una mezcla de té, lima y tabaco -y según yo alguna droga xq las veces que quise probarlo no hubo manera de que me dejaran bajo el pretexto de que sabía fatal- que les tiñe la boca de rojo) a preguntarnos de dónde éramos, cuánto tiempo íbamos a estar en el país, cuándo habíamos llegado o si ya habíamos visitado Bagan. Porque éso sí, ¡¡en Birmania hablan inglés!!

En concreto, recuerdo un señor mayor, de unos 50 años calculo yo, que nos cruzamos por la calle. Una vez respondidas las preguntas pertinentes, nos contó -os prometo que como el que habla de su tesoro-, que él tenía un amigo en Málaga; por lo visto era un señor inglés, que había visitado Birmania hacía unos 20 años y al que le hizo de guía en su momento. Desde entonces, cada año había vuelto a visitar el país y se veían, pero justo éste año no pudo hacerlo. El señor, nos sacó todo orgulloso de la bolsa que llevaba colgada del hombro un libro que no tendría menos años que los que llevaba el inglés visitando Birmania y, de entre sus hojas, una foto de ellos dos en lo que parecía una de las pagodas de la ciudad. La foto podía ser perfectamente, por el papel y la imagen, del primer viaje del inglés y ya estaba medio comida por el tiempo, pero el cuidado que ponía el señor cada vez que la cogía, daba la impresión de que era el cordón umbilical que le unía, junto con las cartas que recibía del inglés -q tmb nos enseñó la última- al mundo exterior.

No nos dejó de sorprender en ningún momento la amabilidad de los birmanos, su educación, su buena disposición, y su eterna sonrisa a pesar de los pesares. Cada vez que se te acercan a hacerte las preguntas de cortesía, daban a entender un cierto agradecimiento por escogerles a ellos, a su país, de entre todos los países del mundo, para visitarles y por pararte con ellos para saciar su curiosidad -nunca incómoda o indiscreta- de lo que hay "más allá"...

Bueno, pues ahora que os he convencido del destino de vuestras próximas vacaciones (me alegro de que no sea el primer país de la zona que visito xq las comparaciones a posteriori hubieran resultado odiosas), un par de consejos prácticos antes de iros: para las chicas, nada de pantalones muy cortos ni camisetas de tirantes un poco justas; lo mejor, pantalones pirata y por arriba algo suelto sin mucho escote ni tirantes finos, a poder ser. Yo hubiera agradecido que me lo dijeran antes de irme, xq cuando me di cuenta de que no había una sola birmana con tirantes, y una francesa que vivía allí tuvo la amabilidad de explicarme que para ellos de rodilla para arriba era todo básicamente lo mismo, no me quedó más remedio que comprarme un longyi para taparme, lo cual tampoco evitó las miradas de los locales, aunque más por diversión o extrañeza que por desentonar.

Y para todos en general: el trueque es posible! haced sitio en la mochila xa llevar camisetas o camisas que ya no uséis, jaboncillos, champús o cepillos de dientes de los que siempre tenemos en casa que arramplamos en los hoteles, barras de labios del "todo a 100" o muestras de colonias. En sitios como Bagan o el Lago Inle, en los mercadillos, podréis cambiarlos por productos locales, aunque si sóis tan blandos como yo, al ver que el que me preguntaba si tenía jabón, saltaba a la vista que realmente lo necesitaba, no haréis mucho negocio ya que casi siempre acabé por regalarlo y pagar lo que quería llevarme...



domingo, 26 de septiembre de 2010

ESCAPADAS VARIAS.

Casi sin darme cuenta, se me ha pasado otro mes por delante desde la última entrada. Un mes que parece que tuvo más de 30 días xq me ha dado tiempo a escaparme un par de veces de Shanghai y seguir sorprendiéndome ante maravillas como la Gran Muralla o mercadillos a pie de calle en HK.

La primera escapada, con motivo de cierta "irregularidad" con mi visado, fue a finales de agosto a HK. Realmente no dio tiempo a mucho: aterricé un jueves por la mañana a toda prisa después de que en Shanghai, en el mismo mostrador en inmigración donde dos semanas atrás me habían dicho que me renovaban el visado, me dijeran al ir a renovarlo que "no, it's enough" y que tenía q salir del país antes de que caducara dos días más tarde. La posibilidad de cualquier incidente -por mínimo que sea- con las aduanas me hizo coger un avión al día siguiente y salir por patas a territorio civilizado para, desde allí, solicitar un nuevo visado. Con esta excusa, pude disfrutar una vez más de recorrer HK por la noche (cena aqui, copichuela allá, súper terraza con vistas en no sé dónde) y, aunq el tiempo no permitió que disfrutara de una tarde de playa una vez hecho el check-out del hotel y antes de irme al aeropuerto, coincidí allí con una buena amiga de Shanghai con la que me di un paseo por Wanchai al resguardo de un paraguas y del tifón que anunciaban en todas partes. Quería colgar aqui una foto de una señal q saqué en el metro anunciando el nivel I de alerta de tifones xo acabo de comprobar que la debí de borrar de la cámara.

Lo que más me impactó esta vez de HK, y que nunca había visto antes, fue algo que nos encontramos en un mercadillo callejero de pescado y mariscos. Resulta que por lo visto en HK es típico que, xa demostrar lo fresco que está el pescado que venden, exponerlo allí en el puestecillo ABIERTO EN CANAL Y CON EL CORAZÓN AÚN LATIENDO!! sí, lo habéis entendido bien: el pescao está abierto como si te lo fueras a comer, siguiendo la espina del medio, pero el corazón aún le late... cuánto tiempo aguantan así, no sabría deciros pero al menos el rato que yo estuve allí boquiabierta sí, más algo que llevarían allí expuestos cuando llegué: impresionante! intenté hacer un vídeo pero mi cámara y yo teníamos ése día la guerra declarada y no hubo manera. Si alguien no se lo cree, estoy segura de q en Youtube hay vídeos que lo demuestran.

Un par de semanas más tarde, mis "in-laws" estuvieron aqui de visita así que nos fuimos con ellos a Pekín ya que siendo la primera vez que venían a China, es la visita obligada. Yo me uní a la expedición el viernes por la noche hasta el domingo por la noche, pero tuve la suerte de poder visitar cosas para las que en mi anterior visita, no hubo tiempo: la Gran Muralla desde Mutianyu,

gran muralla china 01

gran muralla china 02

en la que nos dejamos los higadillos subiendo...

gran muralla china - escaleras

El parque de Beihai con su pagoda blanca y sus nenúfares que casi parecen árboles

Pagoda Blanca en el parque de Beihai

y en el que, si paseas con tiempo alrededor del lago

lago en el parque de Beihai

puedes ver a los chinos haciendo dibujos en el suelo con pinceles de agua, como éste:

dibujo con pincel de agua, parque de Beihai

También fuimos a cenar el famoso pato a la pekinesa, muy bueno por cierto: te lo dan ya cortado en trozos muy pequeños, que metes en una especie de oblea hecha a base de ... creo q arroz, y le pones vegetales que te traen ya cortados y mojado en una especie de salsa de soja pero muy espesa, lo enrollas como si fuera un crêpe y vuelta a empezar!

Pero sin duda en el apartado gastronómico, tengo que mencionar nuestra visita al mercadillo nocturno de Wang Fu Jin. Es una calle céntrica, peatonal y comercial que, en una de las callejuelas perpendiculares y especialmente al caer la noche, se llena de gente que va allí a cenar en los puestecillos. Las delicias gastronómicas que os podéis encontrar, creo que no hace falta ni comentarlas:

Mercadillo nocturno de Wang Fu Jin 00

Mercadillo nocturno de Wang Fu Jin 01

Mercadillo nocturno de Wang Fu Jin 02

Simplemente decir, que yo personalmente no vi a ningún chino comerse un escorpión... sí en cambio gusanos de seda, pero de ésos no saqué foto. No sé xq me temo q los escorpiones son ahora un reclamo turístico más q otra cosa (y efectivamente, lo consiguen!) y no digo que antes no se los comieran, pero a poco que uno tenga acceso a otras cosas, me imagino que nadie se mete éso en la boca por gusto, ¿no? Como os digo, son conjeturas mías pero no tengo ninguna prueba que las sostenga. En cuanto a los insectos sí, me confirman que aún se comen y lo que es peor, te los ponen en comidas de negocios...

Ya para acabar, informaros de que me despido hasta la vuelta. ¿Que qué vuelta?, pues que aqui la primera semana de octubre es festiva ya que el día 1 es la Fiesta Nacional que celebra la proclamación hace 61 años de la República Popular. Aprovechando la coyuntura y que me quedaba un día de vacaciones del año pasado que junto con los días de fiesta y dos findes, me cojo 10 días y de puente a puente y tiro xq me lleva la corriente, y por fin, después de 3 años del intento frustrado por la entonces llamada "revolución azafrán", nos vamos a ... BIRMANIA!!! (sólo de escribirlo se me ponen los pelos de punta!).

Prometo un relato detallado a la vuelta (de los que a muchos no os gusta leer), xq aún sin haber estado, creo que va a ser el país de esta zona que más me va a gustar. Esperemos que las elecciones que están convocadas -después de 20 años de dictadura militar- para el 7 de noviembre, no estropeen el viaje...